Las lecturas de este Domingo tienen un común denominador, el del sufrimiento y el de la alegrÃa. En la 1ra lectura, IsaÃas nos habla de un siervo sufriente, que “ofrece su espalda” y por otro lado confÃa plenamente en el Señor y sabe que Él no le defraudará.
En la 2da, San Pablo nos habla de un Jesús que, “siendo divino, se abaja, asumiendo la condición humana”; pero también es “exaltado por Dios por encima de todo nombre”, proclamando que “Jesucristo es el Señor”.Esa misma lógica sucede en los dos Evangelios. Por un lado, Jesús es “proclamado como Hijo de David”, el Rey que hace su entrada triunfal; por otro, el “relato de la pasión y muerte del Señor”, donde Jesús es condenado y muere en la cruz.
Las cuatro lecturas reflejan la paradoja de la vida, por un lado, el sufrimiento y, por otro, la alegrÃa. Es una extraña mezcla que no nos es indiferente. No todo es Viernes Santo ni todo es carnaval. Es una mezcla de ambos. En esta Semana Santa, preparemos una mesa en algún sitio de nuestros hogares, que refleje nuestro corazón, para ofrecerle a Dios nuestros sufrimientos y esperanzas, nuestros éxitos y fracasos, tristezas y alegrÃas, dÃas buenos y dÃas malos, dÃas felices y dÃas difÃciles.
Vivamos la Semana Santa con gratitud y entrega, priorizando la oración en familia (por los enfermos, abandonados, olvidados, etc.), el afecto entre nosotros, la atención pronta, el servicio, la caridad, siempre que nos sea posible, para ser mejores hijos, padres, educadores, servidores, como una forma de unirnos a la Pasión, Muerte y Resurrección de NSJ. Paz y Bien.

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