Enviados para Predicar la Conversión

Amós, el enviado de Dios, profetizó en tiempos de un peligroso relajamiento moral. No profetizó en nombre suyo sino por obedecer a Dios. Por eso dice: "El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: ve y profetiza a mi pueblo Israel" en 750 a.C.

Los discípulos de Jesús son también enviados de Dios. Por eso, san Marcos dice que "Jesús los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros". O sea, son enviados como equipo, como participantes de los poderes de Jesús para expulsar los demonios.

El 6 de junio de 1944, el oficial de las fuerzas aliadas dijo al Jefe Máximo: "Hoy es el día más grande de la historia". El Comandante del ejército contestó: "No, hoy no es el día más grande de la historia. El día más grande de la historia fue el 25 de diciembre del año 1, cuando vino al mundo nuestro Señor Jesucristo". Es el día en que nos invadió la gracia de Dios en Cristo. Por eso dice Pablo: "Bendito sea Dios... que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales en el cielo y nos ha elegido en Él".

Como Amós y el Comandante, lo fue también San Benito Cottolengo quien hizo un hospital en Turín para más de 800 enfermos incurables. Un día no tenía almuerzo para los 800 enfermos. Pero, confiando en la providencia divina, consiguió el almuerzo para todos. 

Nuestros anteriores personajes hablaron en nombre de Jesús. Pero, nosotros, a veces nos quedemos como perros mudos ante el aborto, inmoralidad, drogas, impiedad, indiferencia, brujería, supersticiones, mafias, corrupción, narcotráfico, delincuencia, gente con trapos y palos que nos intimidan. Hemos de dejar de ser así y comenzar a hablar más de Jesús, de Dios, de nuestra religión, porque somos sus enviados para predicar la conversión a Dios, como hizo Ligia en "Quo Vadis".

 

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