Annie solÃa ser adicta al crack y, como meretriz, solÃa sentirse utilizada por sus clientes. VivÃa en las calles.
Un dÃa se encontró conmigo y, mientras limpiaba el piso del hotel donde trabajaba, me contó:— ¿Sabes? Esas veces me sentÃa invisible al ser utilizada. Y tuve un deseo intenso de que no sean los hombres los que me utilicen sino Dios. Entonces, supe un dÃa que Dios querÃa caminar conmigo.
Y, ¿luego? —Continué.
— Ese dÃa, ya hace algunos años, me arrodillé a sus pies, y Él me liberó.
A Dios le encanta utilizar personas. No le importa tu pasado. Lo importante es dejarse en sus manos porque para Él eres la novedad más esperada. A Dios le importa lo que puedes hacer a partir de hoy hacia adelante. Por eso dice Jesús: "a vino nuevo, odres nuevos". Asà es como la historia se actualiza en las manos de Dios.

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