Palabras de Vida y Luz, 08 de enero del 2023

El bautismo de Jesús nos puede ayudar a recordar nuestro propio bautismo. Dice Isaías: “Éste es mi servidor, a quién Yo sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma”. Algo muy parecido dice también el Evangelio: “Éste es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”. Ambas lecturas hablan de Jesús, del niño nacido en Belén, del Dios hecho carne, del Dios-con-nosotros. 

En Jesús, las expresiones anteriores de Dios, constituyen a todo bautizado en hijo de Dios, sin diferencias, pues “Dios no hace acepción de personas”. De ahí que somos iguales ante Dios. De ahí que el bautismo del Papa, del Obispo, el mío y el tuyo, son iguales. Ningún bautismo es superior al otro. 

 Esto implica 3 responsabilidades bautismales: 

— Si de Jesús se dice que “pasó por este mundo haciendo el bien”, de nosotros también ha de decirse aquello, pero no sólo eso, sino que hemos de hacer el bien, cueste lo que cueste. 

 — Jesús también, al pasar por este mundo, proclamó la verdad. Es más, él mismo dijo: “Yo soy la verdad y la vida”. En un mundo donde la mentira sirve para perseguir, secuestrar, reprimir, someter al que piensa diferente y aprovecharse de la ignorancia de la gente, hemos de proclamar la verdad, cueste lo que cueste. 

— El Señor llama a su Hijo en justicia (“te llamé en justicia”) para establecer el orden practicándola. Aunque diga Bill Gates: “el mundo es injusto, acostúmbrate a ello”, todo bautizado, no ha de practicar sino la justicia, cueste lo que cueste. 

Por tanto, hacer el bien, proclamar la verdad y practicar la justicia, te devolverá el gozo de la libertad de los hijos de Dios.

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