¿Se han dado cuenta que todo lo que está prohibido provoca más atracción? Es lo que sucedió con Adán y Eva. Adán le contesta a Dios: "La mujer que me diste me dio de comer...". Eva también responde a Dios: "La serpiente me engañó...". Ninguno está dispuesto a asumir su responsabilidad. El otro siempre es el culpable. Con razón se suele decir que "errar es humano, pero echar la culpa al otro es más humano todavía". Somos tal cual fueron Adán y Eva.
Nuestra vida se desarrolla en una eterna lucha entre el bien y el mal, somos proclives a cualquiera de ellos. Por eso dice san Pablo: "hago el mal que no quiero". Pero, lo que para nosotros es imposible no lo es para Dios. Por eso en el desenlace del relato, Dios le dice a la serpiente: "ella te aplastará la cabeza". O sea, es Cristo quien finalmente triunfará. Eso quiere decir que el mal no tiene la última palabra. Sin embargo, nuestra vida es un "tira y afloja" constante. Sólo Dios nos hará capaces de superarlo mediante su Espíritu de fortaleza.
Dice un relato Cheroqui: "hay dos lobos dentro de mi luchando. Uno bueno y otro malo. Y, pregunta el niño: ¿cuál de los dos ganará? El maestro contesta: el que tú las alimentes". Todo queda en nuestras manos, en nuestra capacidad de elegir, en alimentar lo bueno o lo malo. Depende de nosotros. Alimentará lo bueno, aquel "que hace la voluntad de Dios" como María, quien le responde al ángel: "que se haga en mi según lo que has dicho". En ese sentido, hemos de imitar a María, madre nuestra, pues el que cumple la voluntad de Dios, al final, es aquel que favorece a la unidad y el que no cumple favorece a la dispersión. ¿De qué lado estás? ¿De la unidad o la dispersión? Depende de ti.

No hay comentarios:
Publicar un comentario