Un hombre que estudiaba a las personas, viéndole a Sócrates, declaró:
— Este hombre tiene mucha inclinación a la sensualidad y a la glotonerÃa.
Los discÃpulos de Sócrates, escuchando la versión de aquel, se sintieron indignados por semejantes juicios.Sin embargo, Sócrates, contestó:
— SÃ, a esos vicios hubiera llegado si no me hubiese dedicado a la filosofÃa y a tratar de conseguir la virtud y la perfección.
Aquella persona que trabaja incansablemente para conseguir la virtud y la perfección se parece a un santo. Santo es una luz encendida por Cristo. Por el bautismo, los católicos, somos iniciados en la santidad y, por eso, somos seres luminosos. Es decir, iluminamos la vida de los demás. Somos una luz puesta en un lugar visible. Por eso, "la luz no es para colocar debajo de la cama sino para ser puesta en el candelero".
Procuremos iluminar con nuestras palabras y con nuestras acciones de cada dÃa la vida de los demás. Brindemos el buen trato, sonriamos más, sirvamos más, seamos más positivos y optimistas, ayudemos más, un pasito a la vez, y, poco a poco, lograremos ser luz para los demás. Entonces, Dios nos dará más de lo que tenemos, pues, dice el Señor: "al que tiene más, se le dará más".

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