A Jesús le preguntan los discÃpulos de Juan: “RabÃ, ¿dónde vives? Jesús les contestó: venid y lo veréis. Uno de ellos era Andrés, fueron y pasaron con Él el resto del dÃa y, después, aquel fue a anunciar a su hermano y a su familia. Hemos encontrado al MesÃas”.
En una ocasión, en Cochabamba, yo estaba subiendo por el teleférico al Cristo. Me tocó ir junto a una muchacha, en la misma cabina. Ella me dijo:
— ¿Octavio?
Yo la miré, pero no caà en la cuenta de quien se trataba. Al darse cuenta, ella dijo:
— Yo recuerdo que hace 11 años fui a visitarte cuando estabas en la clÃnica, tenÃas sondas por todo lado. Pero lo que más recuerdo es que cómo hablabas de San Francisco y de la filosofÃa. La etimologÃa de las palabras. ParecÃas un enamorado.
Yo exclamé:
— ¡Vaya por Dios!
Entonces, recién, me acordé y le dije:
— O sea, ¡eres tú la Carina! ¡Cómo has cambiado! Y nos abrazamos y agradecimos a Dios por ese encuentro. Casi nos llaman la atención.
De eso se trata. Cuando conoces y hablas con alguien, si lo haces con autenticidad, siempre quedarás grabado en alguien. Es lo que hace Andrés que va a comunicar a su hermano, y a su familia, que ¡he visto al MesÃas! Esa actitud hemos de tener también nosotros a la hora de comunicar que Jesús está entre nosotros. Este tiempo de la Navidad y del comienzo del año es para comunicar alegrÃa…

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