Carla, era una maestra que trabajaba por la mañana en un colegio, por la tarde en otro y por la noche era directora de una escuelita en la periferia de la ciudad.
Sus dÃas solÃan ser muy ajetreadas. A sus dos hijos no les faltaba nada, aunque sà la presencia de su madre, ya que ellos eran atendidos en casa por una empleada doméstica.Debido a tanto ajetreo cotidiano, poco a poco, aquella maestra contrajo estrés, gastritis y migraña. Un dÃa, se sintió mal y fue a ver al médico, y este le dijo, al enterarse de cuán trabajosas eran sus dÃas:
— Señora, usted necesita descansar y relajarse. Vaya a la piscina y viaje. ¿Para qué está trabajando tanto? Su salud también es importante. Si no considera descansar, no se sorprenda que terminará contrayendo también úlceras estomacales. Y eso será peor.
Ella contestó:
— Es verdad. Necesito descansar. Pero no encuentro la forma de que mis dos hijos tengan las comodidades que yo no tenÃa cuando era pequeña como ellos.
Muchos de nosotros nos parecemos a Carla. Llevamos una vida sumamente ajetreada. Y en medio de ese ajetreo, Jesús nos sigue diciendo: "vamos a descansar un poco en un lugar solitario". Porque Dios sabe que nos preocupamos, tenemos miedo y, a veces, intentamos hacer demasiadas cosas. Pero también sabe que necesitamos un tiempo de descanso (de hecho, Él, al "séptimo dÃa descansó"), de refrigerio (san Francisco de AsÃs le decÃa a Dios: "Tú eres el descanso; Tú eres el refrigerio"), en lo fÃsico, emocional, mental y espiritual.
Procurémonos en nuestra vida un momento de descanso, silencio y tranquilidad. Entonces, recibiremos la compasión de Dios para alcanzar la salud corporal y espiritual. De ahà las razones de Epicuro, que dice:
"Nadie por ser joven, dude de filosofar; nadie por ser viejo de filosofar se hastÃe; porque nadie es joven o viejo para la salud de su alma".

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