Palabras de vida y luz para hoy, 04 de febrero del 2023

Carla, era una maestra que trabajaba por la mañana en un colegio, por la tarde en otro y por la noche era directora de una escuelita en la periferia de la ciudad.

Sus días solían ser muy ajetreadas. A sus dos hijos no les faltaba nada, aunque sí la presencia de su madre, ya que ellos eran atendidos en casa por una empleada doméstica.

Debido a tanto ajetreo cotidiano, poco a poco, aquella maestra contrajo estrés, gastritis y migraña. Un día, se sintió mal y fue a ver al médico, y este le dijo, al enterarse de cuán trabajosas eran sus días:

— Señora, usted necesita descansar y relajarse. Vaya a la piscina y viaje. ¿Para qué está trabajando tanto? Su salud también es importante. Si no considera descansar, no se sorprenda que terminará contrayendo también úlceras estomacales. Y eso será peor.

Ella contestó:

— Es verdad. Necesito descansar. Pero no encuentro la forma de que mis dos hijos tengan las comodidades que yo no tenía cuando era pequeña como ellos.

Muchos de nosotros nos parecemos a Carla. Llevamos una vida sumamente ajetreada. Y en medio de ese ajetreo, Jesús nos sigue diciendo: "vamos a descansar un poco en un lugar solitario". Porque Dios sabe que nos preocupamos, tenemos miedo y, a veces, intentamos hacer demasiadas cosas. Pero también sabe que necesitamos un tiempo de descanso (de hecho, Él, al "séptimo día descansó"), de refrigerio (san Francisco de Asís le decía a Dios: "Tú eres el descanso; Tú eres el refrigerio"), en lo físico, emocional, mental y espiritual. 

Procurémonos en nuestra vida un momento de descanso, silencio y tranquilidad. Entonces, recibiremos la compasión de Dios para alcanzar la salud corporal y espiritual. De ahí las razones de Epicuro, que dice: 

"Nadie por ser joven, dude de filosofar; nadie por ser viejo de filosofar se hastíe; porque nadie es joven o viejo para la salud de su alma".

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