En cambio, Jesús rompe con ese círculo del egoísmo en la comida Pascual; rompe también con el afán de poder y de tener, y se da como alimento y comida para los suyos. Se entrega, se ofrece, se dona a sí mismo, porque el sentido de la vida está en la entrega generosa y la vida compartida. Por tanto, una acción noble, recomendable para hoy, será: siempre que des algo, hazlo con generosidad de corazón.
La realidad en que vivimos ha engendrado en nosotros el deseo de poder y el deseo de tener. Esa lógica representa Judas, que negocia con la vida de Jesús por “treinta monedas de plata”. El poder y el tener no representan sino el egoísmo. Y este, como tal, deshumaniza a las personas, tal como sucedió con Judas.

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