Santísima Trinidad. Dios, es un Dios compasivo, bondadoso y misericordioso, es un Dios Trino: Padre (el creador de todo), Hijo (que nos redimió; Él es camino, verdad y vida; el que nos mandó: "que nos amáramos unos a otros") y E. Santo (agente dinamizador de la unidad entre el Padre y el Hijo). Ese Dios se manifiesta en términos maternos. De ahí el dicho: "Dios es Padre, pero, sobre todo, es madre".
Vivir como hermanos en el E. Santo. Vivir como hermanos es el desafío más grande que tenemos los seres humanos, los católicos. Es verdad que somos diferentes, pero eso no puede ser impedimento para la unidad de vida. Esto puede ser ilustrado por la "fábula de los puercoespines, que aprendieron a vivir con las pequeñas heridas, pues necesitaban del calor del otro".
Por lo tanto, el secreto de la vida está en aprender a vivir con las pequeñas heridas de cada día. De esa forma será posible reflejar la presencia de Dios Trinidad, viviendo en armonía, en paz, como verdaderos hijos de Dios, como hermanos, a pesar de nuestras diferencias, aunque vivimos matándonos, mintiéndonos, haciéndonos la vida imposible; pero aún así, hoy nos toca resistir y ser solidarios; nos toca unirnos, no podemos permitir que nadie sufra solo. El respeto se fue de entre nosotros, la libertad ("libertad de los hijos de Dios" Rm 8,21) está en manos del crimen organizado.
Resistir y luchar por nuestra libertad es posible, gracias al E. Santo que nos fortalece y por quien podemos llamar a Dios, Padre. De ahí nuestra condición de templos de Espíritu de Dios, porque Él vive en nosotros, nos fortalece y nos anima. Es más, en Él vivimos, nos movemos y existimos. A Él la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

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