Santa Gemma Galgani, se propuso a rezar intensamente por la conversión de un cantinero borrachÃn, que se destacaba también por emborrachar a quienes pasaban por su cantina.
Un dÃa de esos, la santa se dirigÃa al templo para rezar y, en el camino, le salió una señora con improperios e insultos. Pero ella, aún teniendo las ganas de contestarle, simplemente, la sonrió y siguió adelante.Al llegar al templo, tuvo una visión, en la que Jesús se le apareció para decirle: "esa penitencia que acabas de hacer, de contener tus ganas de contestar, faltaba para que el cantinero borrachÃn se convierta". Evidentemente, al dÃa siguiente, el cantinero fue a confesarse, se convirtió al Señor por el resto de su vida.
La oración y la penitencia tienen su propio poder ante Dios. Ellas nos pueden traer grandes milagros. Asà como ocurrió con el centurión romano que le dijo a Jesús: "Señor mi criado está enfermo". Jesús le contestó: "Voy a curarlo". Pero el centurión repuso: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero tan sólo una palabra tuya bastará para que mi criado se cure". Jesús, admirado por tal fe, finalmente le dijo: "que se cumpla tal como tu has creÃdo". Y el criado fue curado a distancia.
Desarrollemos ese tipo de fe, como la de santa Gemma o del centurión, para recibir los milagros y los favores de Dios en esta vida, tanto para nosotros y para nuestros hermanos/as.

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