De ahà las razones de san Juan Pablo II, quien afirma: "tratad a todos bien, tratad siempre bien, tratad de tal manera bien, que Dios muy complacido os tenga que decir: muy bien".
Con el "buen trato" a las demás personas, lo ordinario de la vida se puede transformar en algo extraordinario. Quienes no creen en esto, exigen a Jesús que haga milagros. Por eso Él les reprocha: "a esta generación malvada y pervertida no se le hará otro milagro sino el de Jonás". Es decir, la invitación de fondo no es correcto pedir que las cosas sucedan de la noche a la mañana, como por arte de magia.
Para lograr que lo ordinario se transforme en algo extraordinario, se requiere trabajo, esfuerzo, perseverancia, dedicación, insistencia, etc. Es decir, se trata de hacer las cosas ordinarias con extraordinaria dedicación y esmero. Entonces aparecerá, naturalmente, lo extraordinario: un matrimonio, un profesional, un hombre o una mujer extraordinaria.

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