No podemos ser cómplices de los errores o las faltas de otros. Si vemos a alguien que está desorientado, anda pecando, haciendo de su vida un despelote, tenemos el deber de corregirlo. Al momento de corregir hemos de actuar con misericordia. Si no se corrige, dadas todas las advertencias, todavÃa hay el recurso de la oración.
La oración, hecha con el corazón, puede conseguir muchos favores de parte Dios. Dios puede obrar milagros, convirtiendo a Él incluso a aquellos a quienes quisimos ayudarle. Pues dice Jesús: "donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allà estaré yo en medio de ellos". Esta es la garantÃa de los efectos de la oración ferviente.No dejemos nunca de orar con fervor. Todo lo que no hagamos, quedará asà delante de Dios; y todo lo que hagamos, quedará asà en el cielo. Por tanto, si no podemos corregir a nuestros hermanos y hermanas que están en pecado, al menos oremos por ellos, ya que muchos santos tan sólo orando por los pecadores consiguieron grandes conversiones a Dios y multitud de seguidores para Jesucristo.

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