El siervo de Dios contesta a Dios, diciendo: "habla, Señor, que tu siervo escucha". Y, san Pablo, expresa la caracterÃstica de ese siervo de Dios, cuyo cuerpo es el "templo de Dios". Por eso aconseja a los suyos: "glorifiquen a Dios con su cuerpo". ¿Por qué los siervos de Dios han de glorificar a Dios con su cuerpo? Porque conocieron a Jesús y se quedaron con Él. No buscaron otra alternativa, porque con Él lo obtuvieron todo.
En el Seminario san Jerónimo, de la ciudad de La Paz, en una conferencia vocacional, cuando le preguntaron a Fr. Nelson: "¿Qué podemos hacer para ser fieles a nuestra vocación y para ser servidores de Dios?". Él contestó: hoy, el consagrado ha de decir como el salmista: "me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad" (Sal 15,6).A propósito del salmista, recuerdo una circunstancia que me sucedió de niño. HabÃa escalado un cerro. Justo, en esa parte donde ya no hay nada, más que piedras y rocas, nada de paja, nada de arbustos, nada de planta alguna, me encontré con una flor, una flor muy hermosa y la llamé flor del sentimiento. Yo me preguntaba: ¿cómo es que esta flor florece aquÃ? Sin duda, esa circunstancia fue una gran enseñanza para mi: "esa flor estaba floreciendo donde Dios lo pudo". Tan simple como eso, fue su gran enseñanza.
Tu heredad es tu esposa, esposo, hijo, hija, trabajo, hogar, empresa, institución, compañÃa, colegio, familia y, allà donde el Señor te ha puesto, hemos de vivirlo con entusiasmo. Por eso dice Adela Kam: "es preciso florecer allà donde Dios nos ha plantado". En otras palabras: allà donde Dios te ha puesto, hemos de florecer. No necesitas ser un picaflor, mariposa o una abeja, en las relaciones personales. Con lo único que te vas a encontrar en tu vida es con la insatisfacción y el inconformismo. Por tanto, no pretendamos vivir otras formas de vida, sino que vivamos nuestra vida con entusiasmo, pues nuestra obligación es florecer allà donde Dios nos ha puesto. Entonces seremos más felices y más agradecidos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario