Dar la vida para ser glorificado por Dios, Domingo 5 de Cuaresma, 17 de marzo del 2024

Días vendrán en que "haré una Nueva alianza con Israel", dice Dios. Y continúa: "Pondré mi ley en su pecho, la inscribiré en sus corazones. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo". Eso quiere decir que la ley de Dios está inscrito en el corazón de sus hijos. ¿Se acuerdan de la historia del árbol del manzano? Buscaba alcanzar la altura de las estrellas, al igual que el cedro... San Agustín dice: "te busqué afuera, cuando tu estabas dentro".

San Pablo dice que "Cristo, en sus días mortales, con gritos y lágrimas suplicó a Dios, y fue escuchado". No fue escuchado para librarse de la muerte, sino para recibir de Dios un valeroso heroísmo y amor para ofrecerse a sí mismo para la salvación del hombre. Es por la "experiencia del sufrimiento" y "la voluntad de obedecer" como alcanzó la plenitud o la realización en la cruz.

¿Se acuerdan de la historia de los dos granitos de incienso? El granito que se atrevió a quemarse llegó hasta el umbral de Dios y, el que no, se perdió en el polvo de la tierra. Pues, "si el grano de trigo no muere queda infecundo... El que se ama a sí mismo se pierde... y el que se aborrece se gana" De ahí que "la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos".

Dice también la escritura: "hay mayor alegría en dar que en recibir". De manera que el que da su vida como Jesucristo, será glorificado por Dios. Es que Dios premia en grande la voluntad de donación, y glorifica al que está dispuesto a dar su vida como Jesús. Jesús dio su vida por nosotros, de ahí su atractivo. Por eso, dice Él "atraeré a todos hacia mi". Nosotros, también, si queremos ser más atractivos, hemos de dar la vida... Pues, ¿qué llevarás contigo cuando mueras?

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