San Pablo dice que "Cristo, en sus dÃas mortales, con gritos y lágrimas suplicó a Dios, y fue escuchado". No fue escuchado para librarse de la muerte, sino para recibir de Dios un valeroso heroÃsmo y amor para ofrecerse a sà mismo para la salvación del hombre. Es por la "experiencia del sufrimiento" y "la voluntad de obedecer" como alcanzó la plenitud o la realización en la cruz.
¿Se acuerdan de la historia de los dos granitos de incienso? El granito que se atrevió a quemarse llegó hasta el umbral de Dios y, el que no, se perdió en el polvo de la tierra. Pues, "si el grano de trigo no muere queda infecundo... El que se ama a sà mismo se pierde... y el que se aborrece se gana" De ahà que "la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos".
Dice también la escritura: "hay mayor alegrÃa en dar que en recibir". De manera que el que da su vida como Jesucristo, será glorificado por Dios. Es que Dios premia en grande la voluntad de donación, y glorifica al que está dispuesto a dar su vida como Jesús. Jesús dio su vida por nosotros, de ahà su atractivo. Por eso, dice Él "atraeré a todos hacia mi". Nosotros, también, si queremos ser más atractivos, hemos de dar la vida... Pues, ¿qué llevarás contigo cuando mueras?

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