Era una mañana. Teresa, una niña tan solo de 4 años, dijo a su madre:
— Mamá, yo quiero conocer a Dios.
La niña tenÃa la imagen de Dios parecido a su abuelo que, de vez en cuando, solÃa regalarle algunos dulces. Pero, ¡vaya sorpresa! No habÃa sido asÃ.Entonces su madre replicó:
— Hijita, a Dios lo conocerás en todas las huellas que ha dejado a su paso entre nosotros. Nadie sabe dónde encontrarlo, pero Él está presente en sus huellas.
La pequeña continuó:
— ¿Y cuáles son esas huellas?
La Madre contestó:
— Sus huellas son, por ejemplo, el agua que está fluyendo, la rosa que florece, el pajarillo que está cantando. Ahà están sus huellas.
No solo por medio de sus huellas, sino también mediante los acontecimientos de cada dÃa, Dios nos está llamando constantemente a la gratitud, a la alabanza, al perdón, a la reconciliación, a la paz y al gozo de la libertad de los hijos de Dios. Hoy, particularmente, nos envÃa a ser sus testigos de esos detalles de nuestra vida de fe.

No hay comentarios:
Publicar un comentario