DÃas antes de la Navidad, la señora Edith llevó una Rosca Navideña al convento, decorada con múltiples dulces y otros aderezos. Realmente debió de hacerse agua en la boca del que recibió. Entonces, agradeció: ¡Muchas gracias señora! Esta Rosca le encantará a mi hermano Carmelo. ¡Vaya indiscreción! Ella replicó: yo le traje para usted, pero obviamente lo puede compartir. Pues fray JuanJo habÃa pensado inmediatamente en el hermano a quien le encantaban los dulces. Es que verlos comer con qué dedicación, con qué ganas, con qué gusto, debió de ser realmente satisfactorio para él.
Saber captar los gustos y escuchar los problemas de la otra persona (nuestro compañero/a de vida), es algo esencial para construir la fraternidad. Por eso el sordomudo es objeto de uno de los favores de Jesús. Éste le dice simplemente: "affatá", que significa "ábrete". Se abren sus oÃdos y se desata la lengua. Asà es como Jesús le devuelve la dignidad. Y esta actitud es reconocida por la multitud: "Todo lo hace bien. Hace hablar a los mudos y oÃr a los sordos".Como discÃpulos de Jesús: hemos de poner en práctica esos actos y esos gestos de sensibilidad humana. Es decir: cuando tengamos que decir a alguien palabras de elogio, gratitud, buenos sentimientos, digámosle a la persona. No lo aplacemos para otro dÃa. Cuando tengamos la oportunidad de escuchar a alguien, escuchémosla con toda atención. No hay en la vida un buen conversador sino aquel que escucha con atención a otros. Entonces seremos constructores de fraternidad.

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