San Bernardo, en una de sus visiones, vio que los ángeles anotaban las oraciones de los fieles en distintas formas: una con letras de oro, otras de tinta y otras de agua. Las de letras de oro eran dichas con amor, devoción, atención y fe. Las de tinta con menos amor, devoción y fe. Las de agua, eran dichas a la ligera. ¿Cómo están hechas mis oraciones ante de Dios? Eso lo sabe cada cual.
A Jesús le preguntan ¿cuál es el primero de los mandamientos? Jesús dice que, primero, hay que escuchar a Dios y amarlo con todo el corazón, la mente y el corazón. Segundo, hay que amar al prójimo como a uno mismo. Es que la oración hecha con amor tiene repercusiones en la práctica del amor a nuestros semejantes.Si la oración hecha con amor tiene sus repercusiones en la vida, entonces la persona que ora con entrega también ama con fervor, y su amor crece y hace crecer a otros. Tal como hacían nuestras mamás antes: hacían el pan y repartían amor en el pan que daba a sus hijos y a toda la familia. Por eso los hijos de antes fueron más fuertes emocionalmente hablando. O sea, el que más ama, más vive, porque quien no vive para amar no sirve para vivir. Entonces, por medio de la práctica del amor, que nos hace crecer y hacer crecer a otros, escribiremos nuestros nombres con letras de oro en el libro de la vida, según la visión de San Bernardo.

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