San AgustÃn cuenta en sus Confesiones: "se encontraba reflexionando en el jardÃn. De pronto escuchó una voz infantil que parecÃa decir: «toma y lee, toma y lee». Escuchó más atentamente, y notó que en verdad decÃa: «toma y lee, toma y lee». Agarró las Escrituras, la abrió y leyó: «basta de comilonas y borracheras. RevÃstanse de Jesucristo». Después de leer esto, se disiparon todas mis dudas". No obstante, era el resultado de las oraciones de su madre Santa Mónica, que gastó muchas lágrimas por la conversión de su hijo.
Hay que revestirse de la fortaleza y la gracia de Cristo. Ser convencidos como Pablo: "todo lo puedo en Aquel que me conforta", pues valemos mucho más que las aves. Hay que confiar mucho en Dios. Un entrenador británico dijo a sus jugadores: "¿no les parece que cuando entrenamos más y jugamos con entusiasmo, tenemos mejor suerte?". Esto hay que contarles a los que andan diciendo "que el éxito de los demás se debe a la buena suerte". Todo es asunto de entrenamiento, trabajo, esfuerzo, dedicación... La vida es para aquellos que "están dispuesto a jugárselo todo", porque al que está dispuesto a jugárselo todo, Dios lo respalda, ya que Él está detrás como un "guerrero terrible". Para eso celebramos esta Misa, para fortalecernos de Cristo, en medio de las vicisitudes de esta vida.

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