¿Qué nos queda? Ser como Jesús: ser capaces de ver lo mejor de cada persona. Enfocarnos en lo positivo que resplandece en cada persona. Hay que aprender a desechar lo negativo y los prejuicios de nuestras mentes con relación a las demás personas. Porque a quien podemos cambiar no es a las otras personas, ni siquiera al contexto, sino a nosotros. Por lo tanto, es mejor fijarse en la viga que llevamos en nuestro ojo, que en la paja que hay en el ojo de nuestros hermanos/as.
Entonces seremos mejores personas, mejores hijos e hijas de Dios. Nadie es santo delante de Dios, pero cambiándonos a nosotros mismos, podemos acercarnos a la santidad.

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