En materia de fe siempre corremos el riesgo de pensar que siendo bautizados católicos, nuestros problemas se van a resolver, los obstáculos serán superados, las dificultades sobrellevadas, etc. Pero la vida es una sola para todos y las dificultades son casi los mismos tanto si eres creyente o no.
Lo importante para el creyente será fiarse de Dios, pero completamente. Esa confianza es la que le dará fuerzas para sobrevivir aún a las catástrofes más grandes. Cuando esa fe está ausente de la vida del creyente, Jesús viene a decirnos: "hombres de poca fe".HabÃa un sacerdote que fue donde un militar jubilado que no iba a la parroquia a confesarse. El cura le reclamó, pero el hombre le amenazó con su arma. Sin embargo, el religioso, al ver la reacción, se limitó a decirle: "¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?".
Luego, volviendo a la parroquia se dijo: "¿qué estoy haciendo yo para que este hombre se convierta?". Entonces se impuso una penitencia. Ya que tomaba dos vasos de vino al dÃa, decidió tomar uno, por la conversión de aquel militar jubilado.
Ocho dÃas después, el hombre se presentó en la puerta de la parroquia pidiendo perdón y con la decisión de prepararse para una buena confesión. De tal forma que vivió sus últimos dÃas muy entregado a los actos religiosos como si fuera una gran creyente.
El curita, viendo la conversión de aquel hombre, dijo a Jesús: "Señor, ¿con tan poco te conformas? ¿Tan sólo ocho dÃas de tinto para una conversión?".
Al final, en eso consiste la vida: hacer plenamente lo que nos corresponde hacer. Del resto, Dios se ocupará. Un hombre de fe, ha de orar, ayudar, estudiar, hacer el bien, decir la verdad, practicar la justicia, todo a su debido tiempo. No como los discÃpulos que se quejan: "¿Señor no te importa que nos hundimos? ¡Sálvanos!". Por tanto, ¡hagamos plenamente lo que nos ha correspondido hacer!

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