Se suele decir que "ante Dios todos somos iguales", asà como "todos somos iguales ante la ley", igualmente pecadores, limitados, finitos. Por eso decÃa Einstein: "Ante Dios todos somos igualmente sabios e igualmente locos".
Sin embargo, asà como todos somos iguales ante Dios somos también únicos. Nuestra condición única nos hace objetos del inmenso amor y la gran misericordia de Dios. Aunque nos alejemos de Él, Él seguirá siendo fiel, asà le neguemos, asà apostatemos. Él es fiel a su Palabra: "Yo estaré con ustedes todos los dÃas hasta el fin del mundo". Esa fidelidad nos indica que Dios no da por descontado nada, no da por perdido a nadie, porque todos somos sus hijos/as únicos y muy amados. A san Francisco le preguntaban: ¿Por qué a ti? San Francisco contestaba: "porque Dios no ha encontrado en el mundo alguien más pecador que yo". Eso quiere decir, "cuanto más pecadores, más amados somos por Dios".Por lo tanto, lo que nos queda a nosotros es dejar eso que solemos decir: "no te juntes con este", "no hables con él", "le haremos la vida de cuadritos", "a este hay que ponerle al hielo", etc. Ya que Dios no nos trata como a veces nosotros tratamos a otros, hagamos el esfuerzo de parecernos a Dios con los que consideramos que están perdidos y extraviados para vuelvan a Dios.

No hay comentarios:
Publicar un comentario