En Siria se destacó como "hombre de Dios", pero lo que querÃa en realidad fue que para ser humilde hay que sufrir humillaciones. Entonces retornó a Roma. Fue a la casa de su padre como si fuera un mendigo desconocido. Y, sometido a trabajos humillantes, ofreció su sacrificio por los pecadores. De la misma manera, él estaba convencido de que el orgullo solamente se puede alejar aceptando ser humillado.
Recuerdo una anécdota. Un dÃa, un hombre santo quiso llamar la atención a un hombre. Este le contestó: "Padre, yo no soy orgulloso". El hombre le dijo: "Ese es tu peor peligro: que eres orgulloso y no te das cuenta de que lo eres".
Pero, aquel santo tenÃa la clave: "que para no caer presa del orgullo hay que aceptar las humillaciones". Nosotros también, como san Alejo, pasemos por esta vida sin buscar honores y alabanzas, y asà comprenderemos el significado de lo que dijo Jesús: "el que se humilla será ensalzado". Que eso sea el propósito de nuestra vida.

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