El capricho, el orgullo y el empecinamiento a veces es una de nuestras caracterÃsticas más cotidianas. Sin embargo, no deberÃa ser asÃ. Por ejemplo: "a mi nadie me va a hacer cambiar de opinión", "yo soy asà y punto", "ahora sà me va a conocer quien soy", etc. Estos dichos no representan sino nuestra dureza de corazón.
Por el orgullo, el empecinamiento, el capricho, su corazón duro y su indiferencia de Betsaida y CorozaÃn, Jesús se lamenta: "¡Ay de ti Betsaida, ay de ti CorozaÃn!". Pues no quieren cambiar, no quieren ablandar sus corazones. Esa actitud nos puede hacer también indiferente a los designios de Dios. La indiferencia también nos puede hacer perder de vista las oportunidades de amar, de ser solidarios, de trabajar por la justicia, por la libertad.Las oportunidades son únicas y deben ser muy bien aprovechas por cada uno. Por eso San Arsenio se preguntaba frecuentemente: ¿para qué me hice religioso? Y se contestaba: para santificarme y para salvar mi alma. Y nosotros, también deberÃamos preguntarnos: ¿para qué nos hemos hecho católicos? La respuesta tendrÃa que ser: para seguir a Jesús, cargando nuestra propia cruz de cada dÃa y, asÃ, llegar a ser santos porque nuestro Dios es santo.

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