San Ignacio de Loyola solÃa leer bastante a cerca de novelas de caballerÃa, llenas de invenciones y fantasÃas. Pero un dÃa, cuando llegó donde su hermana, le preguntó: ¿qué libros tenÃa? Ella le dijo: "La vida de Jesús" y "El santo del dÃa". Mientras leÃa el segundo, impactado por la vida de san Francisco de AsÃs y de santo Domingo de Guzmán, se dijo: ¿por qué no imitarlos a ellos?
Evidentemente, Bertrand Russell dice: "la mejor prueba de que algo puede hacerse es que antes alguien ya lo hizo". Lo que alguien antes ya lo hizo es señal de que es posible hacer aún aquello que parece imposible. Jesús habla de eso: una semilla de mostaza, de apariencia pequeña e insignificante pero que, cuando crece, crece más que todas las hortalizas, incluso las aves del cielo llegan a hacer sus nidos. La levadura, no sólo fermenta la masa sino que también la hace crecer.Esas cualidades de la levadura y de la semilla de mostaza dan cuenta de que la grandeza, como la santidad, está al alcance de todos. De manera que, en esta vida, es posible alcanzar la santidad matrimonial, la santidad profesional..., la santidad de vida en cualquier rubro. Si para san Ignacio fue posible llegar a la santidad, para nosotros también puede ser posible. Es cuestión de ponerse a trabajar, y proponerse como él: "en todo amar y servir". Ese propósito le permitió alcanzar lo máximo de la vida católica y cristiana. Por lo tanto, no perdamos la perspectiva de la santidad en la vida ordinaria de cada dÃa.

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