Aldarico era un señor feudal que gobernaba Alsacia, una provincia de Francia en el siglo VII. Deseaba tener un hijo varón, pero le nació una hija, y ciega. Entonces, la expulsó de su castillo y la niña fue a parar en un convento de religiosas. AllÃ, la monjas la educaron lo mejor posible en la religión católica a pesar de sus limitaciones.
La niña crecÃa ciega, pero un dÃa fue un obispo santo (invitado por las hermanas) y la bautizó con el nombre de Otilia (Luz de Dios). En el momento del bautismo, el obispo pronunció sobre ella: "Que se te abran los ojos de tu cuerpo, como se te han abierto los ojos de tu alma" y la niña recobró milagrosamente la vista. Ella es conocida como santa Otilia, patrona de Alsacia.Al igual que aquel obispo santo, Jesús también hace un milagro a una mujer extranjera que, a pesar del rechazo, insiste y lo consigue. De hecho, Jesús termina alabando la fe y la perseverancia de aquella mujer: "¡Mujer, qué grande es tu fe. Que se haga como quieres tú!". Es que, "la audacia y la perseverancia logran guiar y llevar, a cualquiera, hasta a los éxitos más grandes e insospechados". Seamos perseverantes como aquella mujer extranjera, para lograr grandes éxitos en el camino de nuestra fe católica.

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