Como fruto de esa comprensión, llevaba una vida de pobreza y santidad de conducta que impresionaba a las gentes de su tiempo. Sus armas eran la oración, paciencia, penitencia e instrucción a los que no conocÃan la religión católica. DecÃa también que "con la humildad sà se ganan los corazones", pues comprendió lo que Jesús decÃa: "quien cumpla y enseñe (la Palabra de Dios) será grande en el Reino de los cielos".
Hombres como santo Domingo (y san Francisco) fueron "sal de la tierra y luz del mundo" para todas las gentes de su tiempo, por opción, por el querer de Dios, por vivir el Evangelio de NSJ. Nosotros hemos de copiar esa genialidad de santificarse viviendo el Evangelio, con nuestras buenas obras, penitencia, trabajo, oración, paciencia y buen trato.

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