Después de esa declaración tan valiente, fue apedreado y, justo antes de dar el último aliento, aseguró: "siento los dolores crueles de los golpes en mi cuerpo, pero en mi alma los sufro con gusto, porque se trata de demostrarle a mi Dios cuánto lo quiero y lo estimo".
San Eleazar, murió por fidelidad a la noble causa: el amor rotundo a Dios y por defender las leyes de su religión. Este gran legado para la juventud es digno de imitación. A la pregunta de los apóstoles: "¿por qué no pudimos expulsar?", Jesús les responde: "si tuvieran fe del tamaño de un granito de mostaza, nada les serÃa imposible". Esa fe que mueve montañas, verdaderamente, hace posible la superación de toda dificultad, obstáculo, problema, etc. Cuando la fe cumple ese rol, el creyente deja un legado precioso para la humanidad, como el testimonio de Eleazar, sacrificarse por la fe y sus prácticas. ¿Cuál es el legado que nosotros estamos dejando a la humanidad? He ahà un gran desafÃo que nos toca resolver.

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