Es inevitable que se produzcan roces y ofensas porque vivimos con personas propensas a la venganza, al rencor, al odio. Por lo que la única forma de ser feliz como hijos/as de Dios es saberse perdonado y perdonar siempre. Una manera de medir la calidad de nuestra vida cristiana, por tanto, es la capacidad de perdonar, expresado en la oración del Padre Nuestro: "perdónanos, como nosotros perdonamos".
Quien no perdona de corazón va a tener una vida desgraciada, rencorosa, odiando siempre, vengándose siempre, su vida será una infelicidad continua. Todas esas formas de vivir destruyen a la personas interiormente. Pero, el que perdona de corazón alcanzará la felicidad no sólo en Dios sino también en esta vida. ¿Quieres ser verdaderamente hijo/a de Dios? Perdona de corazón. ¿Quieres ser siervo malo? No perdones, pero tú mismo te vas a destruir. Todo depende de ti, si quieres ser feliz o infeliz.

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