Palabras de vida y luz para hoy, 28 de septiembre del 2023

San Wenceslao (el más glorioso), fue un gobernante ejemplar. Un día, tenía una reunión muy importante con el emperador y otros gobernantes, y se atrasó una hora. Cuando llegó, les dijo: "me perdonan, pero estaba oyendo la Misa y yo no puedo dejar un día sin asistir al Santo Sacrificio". La excusa fue considerada por todos y él fue admirado por su piedad.

Eso se llama, poner en primer lugar a Dios. Pues, quien actúa así se ganará la admiración y confianza de todos, como sucede con los santos. Herodes tenía curiosidad, por eso "andaba buscando la ocasión de conocer a Jesús". Otros, estaban desconcertados y dubitativos. En cambio, otros, como San Wenceslao, simplemente se encontraron con Jesús y le conocieron.

Ese conocimiento de Dios en la vida le llevó a ofrecer su vida en oblación. Cierta vez, de camino hacia el templo, se encontró con su hermano Boleslao. Wenceslao le dijo: "Hermano, ayer me trataste muy bien". El otro le contestó: "pues hoy te trataré mejor". Dicho esto, siguiendo los consejos del diablo, le hirió con un arma afilada en la cabeza. El santo exclamó: "¿qué haces, hermano?". Después, los sicarios de Boleslao, terminaron con su vida. Y él, antes de expirar, exclamó: "en tus manos Señor encomiendo mi espíritu".

Así son los santos. Ponen en primer lugar a Dios e incluso ofrendan su vida a Dios por una noble causa o por el Reino de Dios. En cambio, los poseídos por el diablo se dedican a matar, perseguir, corromper y hacer sufrir a otros. Que ninguno de nosotros seamos así. Antes bien, coloquemos siempre a Dios en primer lugar.

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