HabÃa un viejo cuervo que vagaba por el desierto buscando agua. Después de tanto batallar, al fin, encontró agua en una botella pero no podÃa ni siquiera tocar con su pico. Entonces tuvo la idea de rellenar con pequeñas piedras la botella. Trabajosamente, introdujo piedrita a piedrita en la botella y, por fin, el agua subió. Solamente asà pudo calmar su sed.
Asà como el cuervo, en nuestra vida de fe, hemos de ser perseverantes, insistentes en nuestra oración, para recibir las gracias y las bendiciones de parte de Dios. Esa actitud, es propia de nuestra fe.

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