Cuando nosotros éramos formandos, un día lo encontramos en situaciones comprometedoras a nuestro formador. Y en una reunión, nos atrevimos a decirle. A lo que él nos contestó: "ustedes no se fijen en mí, fíjense en su maestro que es Cristo". Cierto día, la hija pequeña va y le dice a su madre: te está buscando la señora tal. La madre le dice: "dile que no estoy". No faltará alguien que se arrogue ser perfecta: "por suerte, yo no soy así". Si yo les insistiera diciendo recen fervientemente y yo no rezara, ¿qué estoy haciendo? Cuando un cristiano católico, en Halloween, disfraza de diablo, diablesa, bruja, personajes de terror, ¿qué está haciendo? Fijémonos, todos, básicamente, de alguna otra forma somos hipócritas y, en ese sentido, nos parecemos a los fariseos.
Es tiempo de darnos cuenta de que hemos de corregir esa forma de ser y de actuar. ¿Cómo? Como san Pablo, quien para hacer conocer el Evangelio de Dios: "trabajó día y noche [incansablemente] para no serles una carga" a los demás; como nos recuerda Jesús: "el mayor entre ustedes es aquel que sirve"; como san Francisco: "trabajen fiel y devotamente, evitando la ociosidad, sin apagar el espíritu de la santa oración y devoción". Por tanto, permanezcamos fieles a estas enseñanzas, sirviendo, trabajando y orando por los demás, desinteresadamente, para combatir la hipocresía.

No hay comentarios:
Publicar un comentario