De acuerdo con nuestra identidad cristiana, el amor tiene dos vertientes: "amor a Dios y el amor a nuestro prójimo". El primero creemos cumplir, cumpliendo algunas obligaciones religiosas. Pero, con respecto al segundo, tenemos serios problemas.
Vivimos un cristianismo ligth, es decir, demasiado ligero y facilón: amamos a Dios sin amar a nuestro prójimo. ¡No seamos tramposos! Nos hemos acostumbrado a hacer trampas, chanchullos, engaños, trucos o a la estafa. Esa actitud no es cristiana.
Hemos de trabajar mucho por cambiarnos a nosotros mismos para amar verdaderamente. Pues el apóstol dice: "si has amado al prójimo, ya has cumplido la ley". Pero, como vivimos en un mundo donde el individualismo está a la orden del día, el odio también, tráfico de personas, la corrupción, etc., nos parece difícil entender lo que Jesús nos pide: amar de verdad.
Si ustedes hacen daño, Yo me enojaré
Elogio de la conversión, para servir al señor
Amarás a Dios con todo tu corazón y a tu prójimo como a ti mismo

No hay comentarios:
Publicar un comentario