En la 2da ciudad, de acuerdo con Jesús, hay que "dar a Dios lo que es de Dios". Ciro fue ungido para dar a conocer que "el Señor es el único Dios". Nosotros también fuimos ungidos el dÃa de nuestro Bautismo para hacer conocer a Dios mediante la práctica del bien, la proclamación de la verdad y la práctica de la justicia. Es asà como "damos a Dios lo que es de Dios" y nos constituimos en miembros de la ciudad celestial.
Finalmente, como pertenecemos a las dos ciudades, cumplamos diligentemente con nuestras obligaciones en lo civil y en el ámbito de nuestra fe. Nada de trampas ni trucos fraudulentos. Nada de ser déspotas ni demasiado tolerantes (amigos de los hijos ni demasiado condescendientes) sino ejerciendo autoridad. Asà seremos "buenos cristianos y buenos ciudadanos".

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