Palabras de vida y luz para hoy domingo, 08 de octubre del 2023

Si estudiamos algo, trabajamos, nos esforzamos, es siempre para conseguir o alcanzar algo. No decimos que "estudiaré por si acaso para ver qué termino siendo", "comenzaré a construir para ver qué me sale, si un edificio o una torre", "abonaré esta tierra para ver si es que produce algo", "tocaré ese piano para ver que melodía me sale", etc. No decimos eso. Sino que estudiamos, trabajamos, hacemos algo, únicamente con la finalidad de conseguir o alcanzar algo. Es lo que pretende el viñador que presenta Isaias. Espera equidad, justicia, esto es, buenos frutos, pero solo dio frutos amargos, sangre, angustia, preocupación, incertidumbre, zozobra, etc. 

Un grupo de estudiantes me preguntó: padre, ¿cuánto gana? ¿Y con qué hace las obras? Yo les dije: ¿saben? Dios me confió el convento y el colegio para hacer crecer. Tengo la obligación de hacer crecer con sueldo o sin él. No me confió Dios para devolvérselo tal como me lo dio. Nuestra obligación es multiplicar lo que nos confió. Por eso, en materia de fe, hemos de ser capitalistas, no socialistas. 

Los capitalistas de la fe trabajan para hacer crecer las obras; se ocupan de lo verdadero y noble, lo correcto, lo justo, lo digno de honra y lo virtuoso. En cambio, los socialistas sólo saben destruir, expropiar, crear conflictos, hacer pelear a la gente y empobrecer a los países. Tal como lo hacen los arrendatarios perversos del que habla Jesús.  

Por lo tanto, para que Dios confíe más en nosotros hemos de hacer crecer su obra, lo que nos ha confiado, porque "a quien tiene, se le dará; a quien no tiene, aun lo que piensa que tiene, se le quitará". Por eso dice Jesús: "acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo".

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