Cuando las cosas se nos hacen muy fáciles, suelen causarnos mucha satisfacción. Cuando a uno de mis hermanos le preguntaba ¿qué tal? O ¿cómo estás? Él solÃa contestarme: ¡de maravilla! Y ese es el testimonio de los propios discÃpulos: "Señor, hasta los demonios nos obedecen en tu nombre".
Aquello quiere decir que, por el hecho de ser bautizado, tenemos el poder de Jesús para expulsar el mal. Sin embargo, Jesús dice: "No se alegren porque los demonios se os sometan, sino porque sus nombres estén escrito en el cielo".Por tanto, la vida cristiana ha de ser un esfuerzo constante de escribir nuestro nombre en el cielo. ¿Cómo lo hacemos eso? Lo hacemos levantando a los caÃdos, consolando a los tristes, alentando a los pusilánimes, ayudando a los que necesitan, sirviendo a los demás, motivando a los apocados, etc. Seamos aplicados en la ejecución de ese compromiso y nuestros nombres quedarán escritos en el cielo.

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