Pero ¿cómo llegó a conseguir esa calidad de persona y radiante de espíritu capaz de alegrar a cualquiera? Un día, pidió a Dios que le revelara en qué condiciones se encontraba su alma y Él le reveló. A partir de ese momento tomó la decisión de no volver a comer carne. Y sólo, después de una ardua rigurosidad con la que observaba el ayuno y la penitencia, teniendo que orar de rodillas durante horas y horas ante el santísimo, consiguió convertirse en una calidad de persona, capaz de dirigir espiritualmente a sus coterráneos barceloneses.
Pedro le preguntó a Jesús: "¿cuantas veces debo perdonar las ofensas de mi hermano, siete veces?". Jesús le contestó: "no te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete". Esto quiere decir que para Jesús, en relación a la práctica del perdón, no cuenta la cantidad sino la calidad y sinceridad de corazón a la hora de perdonar a alguien. Por tanto, el perdón de las ofensas de otros hace del que perdona una calidad de persona pues, ya que por la práctica del perdón es como nos parecemos más a Dios que hace llover igualmente sus beneficios tanto para justos como para pecadores.

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