Hacer lo que más se parezca a la Voluntad de Dios, 06 de marzo del 2024

Santa María de la Providencia (Francia, 1825), se destacaba por su confianza total en la Divina Providencia. De ahí su nombre. 

Sin embargo, ella tenía dos defectos que con el tiempo pudo superar: la altanería y la terquedad. Al fin, un día, decidió confesar sus defectos que supo manejar con la ayuda de su confesor. Le dijo: "Padre, usted ha logrado dominar mi altanería y mi terquedad". El sacerdote le contestó: "quiera el cielo que de ahora en adelante haga lo que más se parezca a la Voluntad de Dios y no lo que le dicten sus impulsos y caprichos". 

En otra ocasión, también se confesó: "Padre, estoy totalmente disgustada de mí misma y del modo cómo me comporto". Y el sacerdote repuso: "me alegra que usted esté disconforme consigo misma, pues si usted estuviera contenta de sí misma, eso sí que sería una mala señal".

Estos dos consejos o advertencias tan importantes cambiaron su vida rotundamente. Y, con la ayuda de aquel sacerdote, fundó una nueva congregación religiosa que se dedicó a la pastoral de la salud y social de la Iglesia católica. De ahí la razón del por qué adoptó aquella mujer santa el nombre de Madre María de la Providencia.

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