De la misma manera, en las audiencias —a la hora de defender a sus clientes— no empleaba palabras ofensivas ante sus contrarios, de las cuales sus colegas estaban totalmente sorprendidos.
Sin embargo, sucedió que en un pleito de esos, un colega —contrario, en el mismo caso— le ofreció en secreto una gran cantidad de dinero con la finalidad de arreglar en privado entre los dos y se le diera victoria a la persona que habÃa cometido una injusticia.
Fidel se quedó aterrado, al constatar lo fácil que era para una abogado vender su alma al diablo por un poco de dinero, como lo hizo Judas, quien vendió a su maestro por treinta monedas de plata. Desde ese instante, tomó la decisión de dejar la abogacÃa para hacerse fraile capuchino.
Como religioso, se destacó por su oración de petición a Dios que decÃa: "LÃbrame, oh Dios, de la tibieza, ese vicio que hace del hombre ni frÃo ni caliente, delante de Ti, de ser descuidado en los deberes religiosos y flojo para hacer obras buenas. Te suplico, Señor, que no permitas que me extravÃe entre las inutilidades de este mundo y que todas mis fuerzas pueda emplearlos para propagar tu Reino. Amén".
Con esta oración, transformó su vida y consiguió en él una superioridad interior que impresionaba a la gente. Su predicación conseguÃa grandes frutos porque era sencilla, clara, fácil, práctica, suave y amable, pero que tenÃa una fuerza conmovedora por rezar antes y después de predicar.

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