No podemos ser como este joven que, entre lágrimas, me contó su situación desgarradora. Finalmente me dijo: "ya no creo en nada", como desafiándome. Todos eran culpables. Él no era más una víctima. Entonces le pregunté: ¿Cuál es tu perspectiva de futuro, tu meta, tu Cielo? Tampoco podemos ser como aquella mujer, que con sus aportes sólo pudieron construirle en el Cielo una choza de cartones y basuras. Mucho menos como ese cristiano, a quien le preguntaron: "¿usted cree que Jesucristo, en la hostia, en la Misa, en Dios, en la Ascensión, en la Trinidad?". Él contestó: "Sí, creo en todo eso". El otro replicó: "Me parece raro. Pues, si yo creyera tú, no faltaría a Misa e iría a comulgar frecuentemente, pero en usted no veo nada de eso". No hemos de perder la perspectiva de "Cielo" que ha de ser manifestado en nuestras obras de cada día, aunque a veces corremos el riesgo de ser cristianos de nombre, por comodidad, por estatus o por costumbre.
Hemos de ser como Jesucristo, que siempre tenía presente el "Cielo", Por eso decía a los suyos: "Os llevaré conmigo.., para que donde yo esté, estén también ustedes". Pero, para ser llevados con Él, hay que hacer méritos. ¿Realmente invertimos en el Cielo? Invertir en el "Cielo" significa imitar a los amigos/as de Dios. Ellos son los que "atesoraron tesoros en el Cielo...": ayudando a otros, animándoles, escuchándolos, rezando, leyendo la Biblia, aconsejando, visitando a los enfermos, así es como ellos fueron construyendo sus castillos de oro (caridad), marfil (pureza), cristal (leyeron la Biblia), y no de cartones y basuras, en el Cielo. ¿Qué estamos haciendo nosotros para llegar al Cielo?

No hay comentarios:
Publicar un comentario