Un día, cuando se encontraba en la playa del mar meditando y reflexionando sobre Dios, un venerable anciano se el acercó para decirle:
— Si quiere saber mucho a cerca de Dios, estudie la religión cristiana y lea la Santa Biblia.
Siguiendo este consejo, se dedicó a leer la Biblia y encontró en ella maravillosas enseñanzas más que en ningún otro libro. Por ejemplo, en la Biblia encontró una joya escriturística que está en el libro del Sirácida: "tener sabiduría y guardársela para uno mismo, sin comunicarla a los demás, es una infidelidad y una inutilidad".
Y después de leer toda la Biblia llegó a la conclusión de que el cristianismo, por hablar debidamente de Dios, era la religión verdadera y la mejor entre todas, ya que con ella el alma queda satisfecha debidamente.
Estos principios convincentes le llevaron a declararse públicamente como seguidor de Jesucristo y se negó a ofrecer incienso a los dioses, lo que le llevó al martirio.

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