Los cumpleaños bautismales deberían ser celebrados en grande, porque gracias al bautismo llegamos a ser hijos/as de Dios y miembros de la Iglesia Católica y cristiana. El bautismo nos permite a nacer de nuevo, es decir, del Espíritu. A ese nacimiento se refiere Jesús cuando dice: "el que no nace del agua y del Espíritu, no puede ver el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne; lo que nace del Espíritu es Espíritu".
En ese entendido, los católicos tenemos dos nacimientos: uno cuando llegamos a este mundo y otro cuando nacemos para Dios, gracias a la gracia del Bautismo. Por tanto, el cumpleaños bautismal, ha de ser celebrado también a lo grande, porque gracias a él somos consagrados y constituidos como hijos/as de Dios.

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