Sin embargo, después de haber terminado de comer salimos del lugar, caminamos por la avenida unas dos o tres cuadras, y al frente vimos un restaurante enorme, de nombre Huayruro. Nos acercamos y, como ya habíamos comido, para picar, pedimos uno, la porción más grande. Entonces nos enteramos de que ese era el lugar exacto a donde debíamos haber ido. Pero, justamente ese hecho, nunca olvidaremos y quienes estuvimos allí, incluso hoy, cuando nos encontramos, siempre lo recordamos.
Los momentos vividos. Los momentos vividos, el recuerdo de un hecho, tuvieron los discípulos de Emaús, pues lo reconocieron a Jesús resucitado de entre los muertos "al partir el pan". Los gestos, los milagros, los prodigios y signos, los momentos vividos, lo que has llorado, reído, comido y bebido, eso se queda grabado para siempre. Y, a veces, eso funciona como alimento para seguir adelante a pesar de los dolores y sufrimientos de la vida. Es lo que ocurrió con los apóstoles. Por eso dice Pedro: "Dios lo resucitó a Jesús y todos nosotros somos sus testigos". Testigos de los momentos vividos con el Resucitado.
El llamado. Jesús le pregunta a Pedro: ¿para qué te llamé? A pesar de todo (negaciones, miedos, dudas, debilidades, pecados), Jesús le sigue confiando: "apacienta mi ovejas". Entonces, ya no hay miedo, porque tienes el respaldo de Cristo Resucitado. Porque Pedro, como los demás apóstoles, están respaldados por el Señor Resucitado. A nosotros también nos sigue diciendo: "ánimo, no tengas miedo, yo he vencido al mundo". Esa es la fuerza de la fe que brota del Resucitado.

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