La metáfora del águila es una de las enseñanzas más ricas para motivar a las personas. Cierta vez, habÃa un águila que volaba en el espacio. Viendo el majestuoso vuelo del águila, dos curvos se atrevieron en contra de aquel ave. Uno de ellos, fue a posarse en la espalda del águila y comenzó a picotearlo. Pero, el águila, teniendo en cuenta la situación, comenzó a volar cada vez más alto. Cuanto más alto volaba, el corazón del cuervo, al no resistir la altura, se paralizó y se precipitó al suelo.
Los bolivianos y latinoamericanos, de un tiempo a esta parte, hemos sido adoctrinados para repetir relatos nada beneficiosos. Solemos repetir, que "con el oro que sacaron los españoles del Cerro Rico de Potosà se podÃa construir un puente de oro desde Bolivia a España"; que "de nuestra miseria y pobreza, los culpables son las transnacionales y las potencias europeas y estadounidenses". Nada más falso que eso. Pero, relatos como esos han minados nuestras mentes y nos han adormecido.Es tiempo de releer a Jesús que dice: "a vino nuevo, odres nuevos, para que se conserven ambos". Es preciso despertar de aquel letargo, renovar nuestra relación con Dios, todos los dÃas, darle novedad a esa relación, reconociendo nuestras capacidades y desechando los relatos que nos adoctrinaron y nos han hecho creer que somos incapaces. ¿Por qué? Porque en Dios reside nuestra fuerza. Siendo como San Pablo: "todo lo puedo en Cristo que me conforta". Si Dios está con nosotros, no podemos estar ayunando. Por tanto, despertar y estar de fiesta es nuestra responsabilidad. Asumir esa responsabilidad, nos permitirá volar cada vez más alto.

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