Un muchacho de más o menos de ocho años, iba por la calle comiendo un helado. Como caminaba distraÃdo, una bicicleta le atropelló. Su helado se desparramó por el suelo y él recibió unos pequeños rasguños en los brazos y las rodillas.
Me acerqué y le dije: "tuviste suerte". Una curación y todo estará bien. Nos dirigimos hacia la farmacia. Pero en ese Ãnterin tironeaba lloriqueando. Le dije: ¿Por qué lloras? Mi helado se quedó en el suelo... A veces, lo que debe ser prioridad no los tomamos en serio. Nos preocupamos más por salvar nuestros gustos, caprichos, deseos. Nos atrincheramos en nosotros mismos.Nuestras propias aficiones nos distraen de lo más fundamental. Eso dice Jesús: "hemos tocado la flauta y no bailaron; hemos tocado canciones tristes y no lloraron". A veces, nuestros caprichos y gustos nos pueden hacer indiferentes a los designios de Dios. Como hijos/as de Dios, no seamos indiferentes a sus designios y estemos siempre atentos para lo que Dios nos necesite en las necesidades de otras personas.

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