En nuestra vida de fe podemos ser perezosos, aburridos, fracasados, refunfuñones, murmuradores, criticones, etc. Pero, aún asÃ, podemos cambiar de malos a buenos, de flojos a diligentes, de pobres a ricos. Sólo tenemos que escuchar atentamente la llamada de Dios. La escucha atenta de la voz de Dios tiene el potencial de cambiar el rumbo de nuestra historia personal.
Es lo que sucedió con Mateo. Jesús le dijo simplemente: "¡sÃgueme! Él lo dejó todo y lo siguió". A pesar de que era rico, él estaba hastiado de la vida que llevaba y necesitaba hacer un cambio. La mirada misericordiosa de Jesús, lo convenció y cambió radicalmente el horizonte de su vida.
Nosotros también estemos siempre atentos a la voz de Dios. Nunca nos estanquemos en el conformismo o en el pesimismo. Planeemos, tracemos metas y objetivos, no dejemos de soñar, y el cambio ocurrirá con la ayuda de Dios.

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