Jesús dice que "no se enciende una lámpara para esconderla o ponerla debajo de la cama, sino para que ilumine a los que se encuentran dentro de la casa". Para el creyente, por tanto, se convierte en una tarea el desarrollar un ejemplo de vida de fe para iluminar a los demás. Por eso es que los santos se constituyen en ejemplos de fe y santidad para todos.
En un mundo oscuro, caótico y confuso, los creyentes tenemos el deber de iluminar con nuestro buen ejemplo, como enseñaba san Francisco a sus discÃpulos: "Al mundo, nosotros le debemos el Buen Ejemplo". Nosotros, también, procuremos ser un buen ejemplo de vida y de fe para los demás, en especial para nuestro entorno.

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