Pareciera que hoy escuchamos todo, menos a Dios. Escuchamos y hacemos más caso a ciertas dictaduras del fascismo de colores, caprichos, redes sociales, modas, etc. Vivimos con personas adultas que escuchan y hacen lo que dice la moda de los adolescentes. Por lo que la mentalidad que rige en la actualidad es una mentalidad adolescéntrica.
La mentalidad adolescéntrica no nos deja escuchar a Dios, porque andamos distraÃdos, confundidos, obnubilados, anulamos la capacidad de pensamiento y de discernimiento. No tomamos partido por Dios. Pero Jesús insiste en que, para ser sus discÃpulos, "hay escuchar la Palabra de Dios y ponerlo en práctica".Escuchar la Palabra de Dios y practicarla, por un lado, significa vivir realmente el mandamiento del amor. Es decir, vivir como hermanos/as, hijos/as, que se ayudan, trabajan, oran y celebran su fe ordinariamente.
Por otro lado, significa desarrollar en nosotros la capacidad pensamiento. Pero, como los mayores queremos vivir, comportarnos y vestirnos como adolescentes, no dejamos un resquicio para el pensamiento ni el discernimiento. Por tanto, el reto es recuperar la dignidad de pensamiento y de discernimiento, pues gracias a ellos somos diferentes y superiores a los animales.

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