Los mandatos de Dios no se pueden dejar de lado, hay que cumplirlos. Pues ellos nos protegen, nos guÃan y nos habilitan para regresar a Dios. En cambio, las tradiciones propiamente humanas, no nos otorgan la gracia de la salvación de Dios. Por eso dice el mandato: "el que honra a su padre y a su madre, tendrá larga vida y vivirá feliz". La felicidad y una vida larga es, simplemente, consecuencia de la honra que los hijos deben y han de tributar a sus padres.
Por obediencia a los mandatos de Dios, el menor de los 3 niños que estaban a punto de ser ejecutados en la cruz, en Nagazaki —al verdugo que querÃa convencerle a aquel para que renegase de su fe en Dios— le contestó: "Nunca haré tal cosa". Verdaderamente, asà se cumple lo dicho: "si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos" aún esto sea a costa de la propia vida.
En eso consiste el coraje cristiano: en guardar los mandamientos de Dios, cueste lo que cueste, hasta las últimas consecuencias. O sea, consiste en estar dispuestos a dar la vida por la fe en Dios, como Pablo Miki y compañeros mártires, más los 3 niños que ofrendaron su vida en la colina de Nagazaki el año 1597.

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