Las codicias, las injusticias, robos, desenfrenos, "todos esos males, salen de dentro, del corazón de las personas". De ahà las peleas y las incomprensiones. Hemos de aprender de las gallinas, que no necesitan intermediarios para reconciliarse si llegan a pelearse y a dañarse.
Nosotros, también, no estamos libres de peleas, reacciones, maledicencias, entre otros males que salen de nuestro interior. Pero, tomando consciencia de nuestra condición humana, siendo superiores a las gallinas, hemos de ser mejores en apagar la calentura de la ira, el enojo, el chisme, el rencor y otros males que no nos dejan ser coherentes con nuestra condición de ser hermanos e hijos de Dios.

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